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Coleccionismo situado.



El coleccionismo interseccional se logra a partir del diálogo entre objetos de diferentes épocas, estilos y escuelas, para resultar en una experiencia sensible a través del estímulo visual, que si bien nos ha acompañado desde antes de nuestra era, las inquietudes del mercado del arte lo han llevado a un nuevo auge desde el siglo XX.

El coleccionismo interseccional tiene como objetivo crear una asociación entre objetos y obras de arte de diferentes movimientos, medios y tiempos. Esto, con el afán de crear una yuxtaposición de las piezas en un contexto expositivo tanto en un entorno institucional como en uno privado.

Los principios del coleccionismo interseccional vienen desde la antigua Roma, Pompeya y Herculano. Excavaciones arqueológicas han descubierto que, en estos lugares se colocaban en el mismo espacio obras del periodo arcaico, clásico y helenístico con obras contemporáneas. Esta tendencia tuvo un fuerte impulso con los coleccionistas renacentistas, que exhibían las obras recientemente encontradas de la antigua Grecia y Roma a lado de sus esculturas y pinturas contemporáneas, como las de Miguel Ángel, da Vinci, Donatello y Botticelli, incluyendo libros y manuscritos medievales.



La inclinación por este tipo de exhibición en los “salones de curiosidades” en Occidente siguió hasta el siglo XIX, donde empezó a desvanecerse con los nuevos estudios de tendencia categorizante. Así, empezó una nueva agrupación cronológica de género temático y pictórico en la historia del arte que prontamente adoptó el sistema museístico y pedagógico, así como los coleccionistas.

El coleccionismo interseccional en nuestra época nos invita a mezclar de forma intuitiva obras de arte, objetos decorativos y mobiliario, en donde se reflejan intencionadamente los intereses del coleccionista.

Actualmente existen diversas instituciones que han practicado el coleccionismo interseccional dentro de sus discursos expositivos. Ejemplo de ello es la feria de arte de Tefaf, que acuña el término y lo adapta a sus modelos de negocio, inspirando a los coleccionistas a incursionar en esta práctica, descubriendo la belleza en los objetos independientemente de su género, tema, época y lugar de origen. Otro ejemplo, es el British Museum que en 2008 realizó la exposición Statuephilia en donde presentaron esculturas de Damien Hirst, Anthony Gormley’s, Marc Quinn y Ron Mueck, en convivencia con la colección permanente del museo, dentro de una sala de antigüedades.



Hoy el coleccionismo interseccional permite un encuentro entre disciplinas, por ejemplo: el mercado del arte y el mundo financiero, ya que esta práctica invita a diversificar el portafolio y apostar por más de una corriente artística o época, además de garantizar un mayor equilibrio dentro de las fluctuaciones del mercado.

Hasta el momento, SAFRA Galería, es el único espacio en México que intencionadamente se inscribe dentro de esta disciplina y por ello los invitamos a visitar la exposición que actualmente tenemos.





Lynn Leland (EUA, 1937-2019)


Artista estadounidense enfocado en los efectos ópticos de las cuadrículas ordenadas de círculos de colores que igual que otro de sus intereses, la composición musical contemporánea, tiene su base en las matemáticas. El definía su obra por su geometría y simetría, inspirada en Mondrian, Kandinsky y Malevich.

Su producción usualmente se basaba en 4 colores, de los cuales producía 24 resultados, estas series eran llamadas ‘Permutaciones’ que en el diccionario significa el arreglo de un determinado número de cosas en todos los órdenes posibles, uno tras otro. Por ello, el número de colores que tiene cada círculo, determina las posibilidades de ordenanza.


Su producción artística lamentablemente termina a inicios de la década de los años 70 cuando se desilusiona del funcionamiento del mercado del arte.




Árbol de la vida

Este tipo de Arte Popular, conocido como Árboles de la vida, tienen su origen en Metepec, Estado de México. La complejidad de sus diseños y su producción radica en las múltiples piezas y detalles que conforman estas artesanías.

Estas piezas también son ejemplo de la fusión cultural que se vivió en nuestro país. El proceso tradicional prehispánico de creación y cocción del barro, junto con los colores mexicanos dialogan armoniosamente con las temáticas religiosas provenientes de los misioneros españoles, haciendo alusión a la fertilidad, la inmortalidad y la creación del mundo con motivos vegetales y animales.




Como el coleccionismo interseccionado propone, la interrelación y diálogo entre piezas artísticas no corresponde únicamente a la agrupación por períodos o corrientes; las piezas de arte pueden ser agrupadas de acuerdo a su carácter formal, conceptual o como bien sabemos de forma temporal.


Para esta edición seleccionamos las piezas del artista Lynn Leland y una pieza artesanal de barro del municipio de Metepec, ambas obras pertenecen a contextos geográficos, temporales, formales y simbólicos distintos. Abordamos estas piezas desde sus caracteres formales, considerando que comparten cierta similitud con la figura del círculo y sus composiciones orgánicas; considerando que el círculo es una de las formas básicas, el empleo repetitivo de este genera patrones que a su vez hacen composiciones de todo tipo. Incluso podríamos interrelacionar las piezas desde el color; aunque los círculos llamativos de Leland tienen una gama cromática completamente distinta al marrón neutral del árbol de la vida de Metepec, este recurso que distingue a ambas piezas, puede ser visto como algo que las complementa, ya que la neutralidad de una podría compensar la saturación de color de la otra. De esta forma, y haciendo a un lado los aspectos conceptuales y originarios de las piezas, podemos proponer en cómo estas podrían convivir y dialogar en un espacio específico, espacio que no precisamente debe ser museístico o de galería.

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